Palabras de Eduardo Mallea



Amigos; queremos compartir con ustedes estas palabras del escritor argentino desaparecido en el año 1982, Eduardo Mallea. Pertenecen al lúcido y ya histórico libro Historia de una pasión argentina, escrito en 1936. Las elegimos para ser leídas en nuestro próximo espectáculo por su profundidad y sorprendente vigencia, y por eso las queremos compartir con ustedes.


"He visto extranjeros llegados a nuestro país cuando todavía estaban vivas las voces de nuestras inteligencia mayores, y para esos hombres lo argentino era un estado de religiosidad; gleba y árbol, casa u hombre, a todo lo de aquí cobraban novísima devoción esos hombres venidos de pueblos donde el esfuerzo humano ha perdido eficiencia; estaban aquí viendo el levantamiento casi heroico de una nacionalidad donde todo estaba por crearse.
Era la gesta moral y la materia de un territorio fabulosamente ofrecido al provenir (...)


La presencia de esta tierra y la siento como algo corpóreo, como una mujer de increíble hermosura secreta, cuyos ojos son el color, la majestad, la grave altura de sus cielos del norte, sus saltos de agua en la selva; cuyo cuerpo es largo, estrecho en la cintura, ancho en los hombros, suave (...)


He aquí que de pronto este país me desespera, me desalienta. Contra ese desaliento me alzo, toco la piel de mi tierra, su temperatura, estoy al acecho de los movimientos mínimos de su conciencia, examino sus gestos, sus reflejos y me levanto contra ella, la reprocho, la llamo violentamente a su ser cierto, a su ser profundo, cuando está a punto de aceptar el convite de tantos extravíos (...)


Cada día veo a la Argentina actual desnaturalizarse en uno u otro acto. De pronto está ahí presente, de pronto perdida. Inútil tratar de llamarla a un examen de sí: su voz presente está batida por una suma circunstanciada de ignorancias. ¿Qué hacer ante este país en el que se reproduce la parábola del Hijo Prodigo? Se ha echado a andar en busca de deleite y riqueza; imposible no advertir que se ha alejado también en demasía de algo de lo que no debió alejarse nunca: del sentido de su marcha interior. Los pueblos, como los hombres no son dueños de sus fines sino de sus caminos (...)


Hacia nuestra Argentina, argentinos insomnes; hacia una Argentina difícil, no hacia una Argentina fácil. Hacia un estado de inteligencia, no hacia un estado de grito. Quiero decir con inteligencia: la puesta en marcha de una desconfianza en nosotros mismos junto con la confianza; solo esto es fecundo. Mientras vivamos durmiendo en ciertos vagos bienestares estaremos olvidando un destino: nuestro destino"



Eduardo Mallea

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